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Este Aragón de tierra dura y desabrida ofrece, sin embargo, las mejores condiciones climáticas para obtener, probablemente, el mejor aceite del mundo. Nuestra mirada está cincelada ya con el haz y el envés de las hojas del olivo. Nuestras manos, talladas con esta tierra seca y nuestro aliento hecho a los jirones de niebla. Nuestro aceite está hecho de tierra seca, de cierzo y de jirones de niebla… de esas olivas que se abren a nuestra mirada entre el haz y el envés de la hojas del olivo.